Leo en un periódico que cada dos días muere un trabajador en Madrid. Se cae de un andamio, o es aplastado, o se estrella en el camino al tajo.
Este periódico fué con un técnico laboral de CCOO a visitar diez obras elegidas al azar. Ni una sóla, según su dictámen, cumplía la normativa.
Cuentan que Julián de 30 años murió aplastado por una obra en Loeches. El jefe de obra fue interrogado por la policía y ni siquiera sabía sus apellidos. Le había "contratado" en un bar. Posiblemente su familia no reciba indemnización alguna porque no tenía contrato.
En el 95% de las obras se incumple la normativa de prevención de riesgos laborales: andamios sin terminar, trabajadores haciendo equilibrios a 20 metros de altura, inmigrantes cargando material al filo del andamio y sin barandilla, el arnés sin sujetar.
El otro día paseando por el madrileño barrio de las letras ví una obra en la que un trabajador parecía literalmente un funambulista en la cuarta planta de un andamio. Al verle hacer equilibrios me dió consultar la legislación y constaté que a partir de dos metros de altura la barandilla o el arnés son obligatorios. Ese hombre, en caso de resbalar, se mataría.
En el periódico dice que preguntaban a los trabajadores: ¿te pones el arnés? ¿te han explicado cuales son las medidas de seguridad?. La mayoría respondía con un "no sé".
A esto se le une los horarios de trabajo abusivos y la falta de contratos. Un obrero declaraba que trabajaba más de 12 horas al día y cobraba menos de 1000 euros. La jornada laboral no puede ser mayor a 9 horas.
La impresión que me da todo esto es que si los empresarios se preocuparan un poquito todos estos accidentes podrían haberse evitado. Pero la impunidad es vergonzosa: ningún empresario madrileño ha ido a la cárcel por incumplir la ley de prevención.
Que bonito es ver a Gallardón inaugurando sus faraónicas obras de ingeniería. A mi me dan ganas de subirle a él a un andamio y todos los empresarios capitalistillos que demuestran que no les importamos nada.
Una vez más, el nuevo Dios de la sociedad en la que vivimos, campa a sus anchas. Ese Dios es el dinero y es muy triste constatar que hoy día hay mucho borrico al que le importa más ganar dinero a expuertas para irse a jugar al golf con Borjamari y Pocholo que una vida humana.
Espero que algún día paguen por sus pecados o en su defecto toquen fondo y tengan que ser ellos los que empiezen a poner ladrillos.