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Terra
La Coctelera

¿Porqué han muerto 94 obreros?

Leo en un periódico que cada dos días muere un trabajador en Madrid. Se cae de un andamio, o es aplastado, o se estrella en el camino al tajo.
Este periódico fué con un técnico laboral de CCOO a visitar diez obras elegidas al azar. Ni una sóla, según su dictámen, cumplía la normativa.
Cuentan que Julián de 30 años murió aplastado por una obra en Loeches. El jefe de obra fue interrogado por la policía y ni siquiera sabía sus apellidos. Le había "contratado" en un bar. Posiblemente su familia no reciba indemnización alguna porque no tenía contrato.
En el 95% de las obras se incumple la normativa de prevención de riesgos laborales: andamios sin terminar, trabajadores haciendo equilibrios a 20 metros de altura, inmigrantes cargando material al filo del andamio y sin barandilla, el arnés sin sujetar.

El otro día paseando por el madrileño barrio de las letras ví una obra en la que un trabajador parecía literalmente un funambulista en la cuarta planta de un andamio. Al verle hacer equilibrios me dió consultar la legislación y constaté que a partir de dos metros de altura la barandilla o el arnés son obligatorios. Ese hombre, en caso de resbalar, se mataría.

En el periódico dice que preguntaban a los trabajadores: ¿te pones el arnés? ¿te han explicado cuales son las medidas de seguridad?. La mayoría respondía con un "no sé".

A esto se le une los horarios de trabajo abusivos y la falta de contratos. Un obrero declaraba que trabajaba más de 12 horas al día y cobraba menos de 1000 euros. La jornada laboral no puede ser mayor a 9 horas.

La impresión que me da todo esto es que si los empresarios se preocuparan un poquito todos estos accidentes podrían haberse evitado. Pero la impunidad es vergonzosa: ningún empresario madrileño ha ido a la cárcel por incumplir la ley de prevención.

Que bonito es ver a Gallardón inaugurando sus faraónicas obras de ingeniería. A mi me dan ganas de subirle a él a un andamio y todos los empresarios capitalistillos que demuestran que no les importamos nada.

Una vez más, el nuevo Dios de la sociedad en la que vivimos, campa a sus anchas. Ese Dios es el dinero y es muy triste constatar que hoy día hay mucho borrico al que le importa más ganar dinero a expuertas para irse a jugar al golf con Borjamari y Pocholo que una vida humana.

Espero que algún día paguen por sus pecados o en su defecto toquen fondo y tengan que ser ellos los que empiezen a poner ladrillos.

Chuck Palahniuk

Y una película hizo que me diera cuenta de lo anestesiados que estamos. Fue "El Club de la lucha" de David Fincher. Creo que era el año 1998 cuando descubrí a Dios. Sentí la necesidad de conseguir el libro en que se basó la pelicula. Y me encontré con la Biblia y un escritor que idolatro por no tener pelos en la lengua.
Chuck Palahniuk. Su primera novela da nombre al título de mi humilde blog. No se la quisieron publicar por resultarle al editor demasiado perturbadora. Y "echándole un par" contratacó con una novela más perturbadora si cabe. El Club de lucha.
No nos damos cuenta que en realidad somos controlados por un sistema imaginario que nosotros mismo lo creamos y lo manejan los grandes y poderosos producciones. Sólo nos dan las migajas y nos enseñar a ser falsamente felices. No tenemos derecho a reclamar nada más. Sólo lo que los nuevos señores feudales del capitalismo voraz nos deseen otorgar.
Gracias a la obra de este autor abrí los ojos.
Os recomiendo que os leais este pedazo de novelón y que como me ocurrió a mí, cuando termineis, abrais los ojos.

"Todos crecimos con los mismos programas de televisión. Es como si a todos nos hubiesen implantado la misma mierda artificial. No recordamos casi nada de lo que pasó en nuestra infancia, pero recordamos todo lo que les pasa a las familias de las tele comedias. Tenemos los mismos objetivos básicos. Tenemos los mismos miedos. (Superviviente, pag. 103)"